Y tú lo eres.
Lo sabes porque a pesar de que las heridas aun sangran confias en que en algún momento serán meras cicatrices curadas por el tacto adecuado, por la sonrisa de aquél que sepa verle la belleza a un corazón que es bonito porque estuvo vivo. Porque quiso.
Y te miras en el reflejo de ese espejo que tantas noches no te dejó observar lo que vales porque las lágrimas tapaban el cristal, y le dices a tus ojeras que se preparen, que la próxima vez también será cuestión de ellas demostrar que siempre duerme un poco menos el que más ama, que estén orgullosas de lo que sginifican: toda una declaración de amor.
Y te sientes con ganas de tirarte a la piscina sin que importe como de vacía esté.
Y bailas, aun con la sonrisa llena de fracasos, bailas.
Y comprendes que eso es el amor: que se te acaben las exusas para quitarte los zapatos y querer volver a tropezar.
Aunque duela.
Aunque mañana vuelvas a romperte.

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